La economía de la experiencia se coló al trabajo
Primero empezamos a pagar más por un café bonito que por uno fuerte. Luego preferimos un viaje a una laptop nueva. Después los restaurantes se volvieron sets de grabación y las vacaciones se volvieron parte del “branding personal”. Y sin darnos cuenta, convertimos la experiencia en la nueva moneda emocional.
Ese mismo chip migró al empleo.
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