Hace dos décadas, reclutar talento era casi un deporte extremo. Nada de ATS, nada de IA, nada de automatizaciones mágicas que filtran CVs solitos. No. El reclutamiento de principios de los 2000 era una mezcla entre detective privado, operador telefónico y coleccionista profesional de currículums impresos.
Las vacantes vivían en el periódico (y eran sagradas)
Antes de LinkedIn, OCC, Indeed y los mil portales de ahora, las ofertas laborales se cazaban en el periódico del domingo. Sí, el que manchaba los dedos de tinta. Las empresas pagaban por centímetros de columna y los candidatos se aplicaban con marca-textos para no dejar pasar ninguna.
El CV impreso era como un pasaporte
Los candidatos traían su carpeta física con copias en papel bond, foto tamaño infantil pegada con resistol y un clip que nunca quedaba bien. Si se mojaba, se arrugaba o se perdía… adiós oportunidad.
Las entrevistas eran sí o sí presenciales
Olvídate de Zoom, Meet o Teams. Todo era cara a cara, en la oficina, con su tacita de café quemado y un escritorio que intimidaba más que ayudaba. Si vivías lejos, pues suerte con el tráfico. Y si llegabas tarde… peor.
El talento se buscaba por teléfono
Los reclutadores se rifaban horas marcando, dejando recados con la mamá, la tía o quien contestara. Agenda en mano, tarjetero, post-its por todos lados… y un estrés que hoy solo entendería alguien que perdió su celular.
Las referencias se pedían “a la antigüita”
Nada de formularios automáticos. Se hablaba directamente al exjefe, quien a veces ni se acordaba, pero igual opinaba. Era común escuchar frases como: “Mira, era cumplido… pero híjole, medio distraído”.
Los procesos duraban una eternidad
Porque todo era manual: revisar pilas de CVs, escribir reportes, coordinar entrevistas, imprimir pruebas psicométricas, clasificar carpetas. Era un Tetris administrativo que requería paciencia, estamina y buenos brazos.
Pero había magia: el contacto humano
Entre tanto papeleo, el reclutamiento tenía algo muy de la vieja escuela, muy artesanal: la conexión personal. El feeling. El “este candidato trae con qué”. No había algoritmos, solo intuición profesional y un olfato casi místico.
Del toner a la nube (y lo que sigue)
El reclutamiento ha cambiado más en 20 años que en el medio siglo anterior. Hoy vivimos la era del talento digital, IA copiloto y procesos ágiles. Pero algo no cambia: encontrar personas con ganas, con chispa y con match cultural.
Y esa magia la que antes se perdía entre CVs impresos sigue siendo el corazón del reclutamiento, aunque ahora huela menos a toner.

